Ellas
Las oigo. En las paredes. En el suelo. Sí, incluso en el techo. Sus patitas, pequeños punzones que arañan, clavan y se arrastran chirriantes. No las veo, se han comido la luz y sus ojos, sus ocelos, no brillan bajo el único rayo argénteo que osa penetrar este cuarto, convertido en su santuario. Ni siquiera las distingo entre ellas pues son un manto negro devorador de todo, un manto que me cubre, una capa de mandíbulas que muerden y desgarran. No puedo huir. ¿A dónde? Aun así, intento incorporarme y su peso me aplasta. No tengo fuerzas pues parte de mí ya está en ellos. Me gustaría gritar pero parte de ellas ya están en mí.
Renegar del cuervo
"Vete", dije al cuervo. "Sé que quieres destruirme; vete", le espeté de nuevo. "Nunca más", graznó y batiendo sus alas de azur y azabache me abandonó. Si he de tomar la decisión, la tomaré yo solo, mirándome a un espejo donde recordar cómo era, cómo soy. Viajar al otro lado, donde me confunda y cambie con mi otro yo y el cuervo blanco me ayude a vivir y grite "siempre, siempre".
Las telarañas de mis sueños de vigilia me aprisionan. Su recuerdo teje mi celda: Leonor. Nadie más. Nunca más. ¡NO! Vete, vete cuervo de mi memoria, vete de mis entrañas. No he de refugiarme bajo tu regazo de noche suave ni abandonarme a tu salmodia. Mi butaca, dónde, he de sentarme, reconfortarme. Cerrarme, Soñar. Leonor, Leonor... Despierto al alba de una nueva mentira. Abriré la ventana y volaré más alto que él y te alcanzaré. Mi amor, mi muerte.
Las oigo. En las paredes. En el suelo. Sí, incluso en el techo. Sus patitas, pequeños punzones que arañan, clavan y se arrastran chirriantes. No las veo, se han comido la luz y sus ojos, sus ocelos, no brillan bajo el único rayo argénteo que osa penetrar este cuarto, convertido en su santuario. Ni siquiera las distingo entre ellas pues son un manto negro devorador de todo, un manto que me cubre, una capa de mandíbulas que muerden y desgarran. No puedo huir. ¿A dónde? Aun así, intento incorporarme y su peso me aplasta. No tengo fuerzas pues parte de mí ya está en ellos. Me gustaría gritar pero parte de ellas ya están en mí.
Renegar del cuervo
"Vete", dije al cuervo. "Sé que quieres destruirme; vete", le espeté de nuevo. "Nunca más", graznó y batiendo sus alas de azur y azabache me abandonó. Si he de tomar la decisión, la tomaré yo solo, mirándome a un espejo donde recordar cómo era, cómo soy. Viajar al otro lado, donde me confunda y cambie con mi otro yo y el cuervo blanco me ayude a vivir y grite "siempre, siempre".
Las telarañas de mis sueños de vigilia me aprisionan. Su recuerdo teje mi celda: Leonor. Nadie más. Nunca más. ¡NO! Vete, vete cuervo de mi memoria, vete de mis entrañas. No he de refugiarme bajo tu regazo de noche suave ni abandonarme a tu salmodia. Mi butaca, dónde, he de sentarme, reconfortarme. Cerrarme, Soñar. Leonor, Leonor... Despierto al alba de una nueva mentira. Abriré la ventana y volaré más alto que él y te alcanzaré. Mi amor, mi muerte.

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