Un poema para Ulrika
“La sangre sobre la nieve es
más roja”, dijo Lars. “Y en el ocaso se difumina”, respondió lacónico el
inspector Persson, citando el final del poema, que conocía tan bien. Un verso
por cada muerte y todo acababa aquí. Lars cayó con la cara enterrada en el manto
níveo que cubría el terreno mientras el orificio de bala de su espalda aún
humeaba en el frío. Tenía una extraña sonrisa en su rostro, una sonrisa de paz.
Persson
guardó el arma. Permaneció inmóvil, con el cuerpo frente a él y la vista en el
ocaso escarlata.
Siete
años. Siete muertes. Siempre el mismo día. Por fin había cazado al monstruo.
Para qué. Siete años de sudor, de peleas y enfrentamientos con todos.
El
inspector Persson se alejó recitando en voz baja el poema que escribió a su
amada Ulrika siete años antes. “Feliz Navidad”, murmuró lacónico.

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